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viernes, 10 de febrero de 2012

Escacena y Pozoblanco, tanto monta...


Pocas veces un cartel ha marcado tanto la trayectoria de un pintor como en el caso de Pedro Escacena. En 1984 el óleo “Trincherazo de Curro” fue  publicado por primera vez por la Unión de Explosivos Río Tinto para la edición extraoficial de carteles “TOROS EN SEVILLA”. Fue en la Feria de Abril de ese año y tanto gustó  la obra al empresario taurino Diodoro Canorea que para septiembre de ese mismo año le solicita los derechos a fin de exhibirla por primera vez como cartel de toros oficial. De esa forma, el trabajo del gran pintor sevillano apareció en tamaño de octavilla anunciando la que tristemente terminaría siendo histórica feria de Pozoblanco.  Y hoy, el cartel que editó e imprimió la imprenta Pinelo de Camas para la empresa de espectáculos taurinos “Canorea”,  es una codiciada pieza de coleccionista que alcanza precios astronómicos en internet. 


  

Pozoblanco y Escacena, un binomio tan algebraicamente compatible que vuelven a estar juntos años después con motivo de una muestra antológica de 47 obras que se exponen hasta el 4 de marzo en el Teatro “El Silo” (Av. El Silo s/n. Pozoblanco – Córdoba). Aurora, su mujer, hace hincapié en el reconocimiento del artista a la familia taurina Ordóñez – Rivera, pues varias obras recorren ese árbol genealógico desde El Niño de la Palma (óleo 9) a los actuales Cayetano y Rivera Ordóñez.

Una vez allí y como sugiere acertadamente nuestro amigo común y gran aficionado Paquito Ruiz, “cierra el catálogo y guárdalo para abrirlo en otro momento. ¡Disfruta degustando y saboreando la relación de cuadros que Pedro ha seleccionado!. Tómate tu tiempo... Despacio, como una verónica de Curro. Y una vez digeridas tantas sensaciones en la retina, coincidirás conmigo en que sobra un programa de mano cuando la rúbrica de cada trabajo lleva la inconfundible firma de Escacena”.

Autorretrato de Pedro Escacena.

"Cayetano y Ronda", de Escacena.


jueves, 1 de octubre de 2009

Exposición: "Paquirri siempre en la memoria".

“Yo pienso que no me va a tocar, pero el toro me da una voltereta, otra y otra. Tras esa tercera aprieto a correr, me tiro al callejón, el toro salta detrás, me busca y yo me escondo. Suenan unos tiros, me dicen que lo ha matado la Guardia Civil, y cuando lo arrastran las mulillas me asomo para verlo y me doy cuenta de que arrastran a otro toro, no al que me perseguía. Entonces tengo la sensación de que me sigue buscando y es ahí cuando me despierto, envuelto en sudor y angustiado…
Era un toro “hosco”, como retinto, con unos pelos muy raros… Por fortuna no he visto en ninguna corrida un toro igual porque entonces me acordaría del sueño.”
El sueño del toro que me buscaba – Francisco Rivera “Paquirri”

Estas palabras las recogía el número 366 de la revista taurina Aplausos, edición histórica que precisamente hoy cumple 25 años. En las páginas centrales, el periodista taurino José Luis Carabias relataba los pormenores del mortal percance y algunas impresiones sobre la vida del diestro, entre las que se hallaba el relato anterior.

La portada de dicha revista, como muchas otras fotos, forma parte de la muestra que, hasta el 12 de octubre, organiza la Comunidad de Madrid en la sala Antoñete de la Plaza de Toros de Las Ventas, con algunas fotos tan impactantes como esta:

Feria de Abril de 1978. Paquirri sufre un gravísimo percance por un toro de Osborne al colocar un par de banderillas en los medios. El astado flojo, al llegar al terreno del torero y, éste hacer el cambio, perdió las manos, se quedo bajo el torero y al alzarse le dio dos cornadas fortísimas, una en cada muslo. El gesto de dolor es evidente. Le atiende, entre otros, Antonio Ordoñez con un cigarrillo en los labios (Foto Arjona).

Otras tienen enlutado mensaje:

Dax (Francia), 17 de agosto de 1982. Fernando Domecq (ganadero)acompaña en la vuelta al ruedo a Nimeño II, Yiyo y Paquirri. Fatal destino el de los tres toreros, pues ninguno sobrevivió a la adversidad de la Fiesta.

Además, la exposición muestra objetos personales del torero cedidos para la ocasión: un capote de brega, un fundón de estoques, un capote de paseo y dos vestidos de torear (burdeos y celeste).

Por encima de todo queda la imagen de un diestro forjado a si mismo que también vivió las mieles del triunfo y paseó con garbo su torera imagen por los cosos del mundo. Como decía Moratín de otro gran torero, Pedro Romero...

Va ufano al espantoso desafío,
¡con cuánto señorío!
¡qué ademán varonil!
¡qué gentileza!.
Pides la venia, hispano atleta,
y sales en medio con braveza,
que llaman ya las trompas y timbales...

viernes, 25 de septiembre de 2009

Paquirri, año 25.

Hacer una semblanza de Paquirri 25 años después de su muerte no es sencillo. Ni tampoco llego a tanto. Investigaría para llegar a la misma conclusión que todos: fue un sobrado lidiador de inesperado final.

Cuando aquella noche de 1984 me entero de la noticia a través de la radio, no me lo creía. Y después, rizando el rizo, resulta que la televisión llega hasta el hule, si es que lo hubo, de la precaria enfermería de Pozoblanco (Córdoba). Allí, donde Francisco a nadie ordenaba porque, en aquel desorden, su vigorosa figura no era la misma que mandaba desde el tercio en la arena. Para ese Hércules de muslo partío, ni agua, solo un buchito que al momento escupió. Hasta ahí todo lo que vimos, que no fue poco. Perpetuo en la memoria.

Le he pedido a Magdalena Romero que desnude su alma de gran poeta para todos. Acuarelista de pincelada propia y mujer maravillosa, nos deja estas estrofas que son, también, parte de la memoria.

Aquella tarde de toros
de aquel otoño temprano
un toro de finos cuernos
Avispado bautizado,
dio una corná con inquina
al diestro que confiado,
no vio la señal de aviso
que el astado había enviado.

Con temple intentó el maestro
poner calma en la trajedia,
pero... ¡ destino maldito !
tienes ya tus cuentas hechas.

De nada sirvió su fuerza,
juventud, coraje y valía,
no tendieron un capote
para salvarle la vida.

Se le escapó a borbotones

¡ no había ningún remedio !
dejando una alfombra roja
en un camino siniestro.

Así fue como el torero
lidió su última faena.
Pañuelos blancos... de luto,
pedían el rabo y las orejas.

Mil lágrimas de amargura
cayeron sobre la arena.

¡La parca se llevó a Paquirri! ¡Que dolor... que dolor... que pena!.


Arriba: "Último latido de Francisco Rivera",
acrílico sobre papel de Luis López.