Última entrega de las reflexiones del pintor ecuatoriano Oswaldo Viteri para la bitácora
hermana “Del Toro al Infinito” . Y si comenzó esta serie con un paseillo, que mejor que un magnífico arrastre para terminarla (clip - 2:05).
* * *
"El duende
existe también en ésta nuestra América, en este realismo mágico de luces y de
sombras, de soles y de lunas. En el páramo andino he sido testigo a media noche
de ver fosforescentes osamentas iluminadas por las nieves perpetuas. De hielos
y de soles esta hecho nuestro corazón que es capaz de amar y de sufrir
ferozmente.
Sin embargo,
en los plácidos valles verdes, “verde que te quiero verde”, he visto a ese
bellísimo animal, el negrísimo toro de lidia con su altanera estampa
custodiando a las ganaderías, majestad y rito sombrío de una fiesta, de la cual él, su principal protagonista, es dueño y señor de la plaza.
El toro bravo
cruzó el océano con alas y cornamenta para beber sediento el agua purísima de
los deshielos. De fuego y de hielo estás hecho su corazón de silencio.
Pero era
necesario en éste paisaje dramático de claroscuro, de luces y de sombras que me
he atrevido a pintar, porque el mundo del toro es una cosa que la llevo dentro,
aparezca desde la penumbra del patio de cuadrillas, ese personaje insólito,
suficientemente loco, brillantemente cuerdo, que es el Torero. ¿De qué raíces
profundas viene ese misterio, de qué honduras proviene su viril arrogancia, de
dónde viene esa postura entrañable, sino de la sustancia misma de los pueblos?,
éstas que cuando llega la hora del festejo sacan su poncho y su sombrero.
Torero de a
pie y de a caballo, bellas estampas, arte supremo, que haciéndole el quite al
toro negro se busca paso a paso en la plaza redonda de la luna o en la plaza
cuadrada de los pueblos.
Goya, Picasso,
Carnicero, maestros grandes de la tauromaquia han hecho obras maestras surgidas
de su profunda visión por la más grande de las fiestas. En América le ha tocado
a Botero con su enorme afición torera, con su gran carga de sabia ironía y
humor paisa realizar serie dedicada a la maja, al picador y al torero.
En lo que a mi
respecta, solo he jugado con el negro, pincel en mano he toreado en plazas y
plazas y seguiré toreando con el capote del papel en blanco, hasta cuando mi
pulso sea capaz de sostener el aire, ya que como alguna vez le dije a mi amigo
José Ortega Cano: “cuando pinto toreo”.
1 comentario:
Luis:
Que maravilla ver mover la mano a un maestro, es como si fuera un ilusionista, solo que el truco es muy sencillo, pincel, papel y adelante, lo que pasa es que hay que saber convertir la nada en arte. Sencillo ¿no?
Un saludo
Publicar un comentario